La creciente extensión de la actividad administrativa y la progresiva presencia de la Administración en la vida social ha evidenciado la vulnerabilidad de la gestión administrativa cuando ésta carece de una base científica y técnica adecuada. La preocupación por los aspectos jurídicos de la actividad administrativa ha hecho olvidar la eficiencia y eficacia inherente a la Administración como gestora de tan complejos y variados bienes y servicios. De ahí la conveniencia de revisar los principios organizativos básicos de la división del trabajo y de la distribución del poder para corregir las insuficiencias administrativas. En definitiva, la racionalización entre los medios y los fines, así como el predominio de criterios prácticos por encima de los excesivos formalismos, marcarían una auténtica modernización de las administraciones Públicas.
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